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  • La defensa de Ceuta empieza en Madrid

    La tesis que ordena todo lo que sigue es contraintuitiva, y conviene enunciarla antes que nada porque cambia por completo el planteamiento habitual del asunto: Ceuta y Melilla no están amenazadas por Marruecos.

    Marruecos lleva siglos ahí y nunca antes fue una amenaza como lo es hoy. Lo que ha cambiado no está al sur, está en Madrid. La amenaza real es una clase política atada a intereses ajenos y una cúpula militar y policial que responde a esa clase política.

    De ahí la consecuencia práctica, que es dura y va contra el instinto patriótico más elemental: no se gana un conflicto exterior cuando los mandos apoyan al adversario. Entrar en esa guerra sin limpiar antes la propia casa sería suicida y convertiría en estéril cualquier sacrificio. La defensa de Ceuta y Melilla empieza en Madrid.


    El precedente de 1975: cómo se pierde un territorio sin combatir

    Para entender lo que se anticipa hay que mirar cómo funcionó la primera vez.

    En noviembre de 1975, Hassan II organizó la Marcha Verde: una columna de decenas de miles de civiles aparentemente pacíficos que entró en el Sáhara Occidental ante la pasividad del ejército español. Esa pasividad fue posible por la agonía de Franco y por la actuación del entonces jefe del Estado en funciones, Juan Carlos de Borbón. Cincuenta años después los saharauis siguen pagando aquello, y los fosfatos de Bucraa -indispensables para explosivos y fertilizantes- siguen saliendo de allí.

    El método es lo que importa, y es la clave de todo lo demás: no hubo invasión militar que justificara una respuesta militar. Hubo civiles. Un ejército que dispara contra civiles pierde la batalla de la opinión pública aunque gane el terreno, y esa es exactamente la trampa. La operación no se diseña para vencer a un ejército, se diseña para paralizarlo.

    Medio siglo después, Washington sostiene el resultado sin disimulo. El 1 de agosto de 2026, con motivo del 27.º aniversario de la entronización de Mohamed VI, Trump le escribió que Estados Unidos reconoce «la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental» y que la propuesta marroquí de autonomía es «la única base para una solución justa y duradera», porque «cualquier otra vía prolonga el statu quo y es inaceptable». La carta se difundió dos días después de la entrada masiva en Ceuta.


    El plan Marruecos 2030

    Que la operación de 1975 tenía continuación no es una conjetura de foro: lo contó un exagente de la inteligencia española. Fernando San Agustín, antiguo miembro del SECED (predecesor del CNI), lo relató en La trastienda de los Servicios de Inteligencia y lo repitió en entrevistas: Hassan II dejó urdido a su hijo un plan para repetir la jugada antes de 2030, aprovechando una crisis política grave en España, con marcha civil sobre Ceuta y Melilla y traslado marítimo masivo de supuestos civiles a Canarias.

    El detalle que recogió la prensa al publicarse el libro es el que da la medida del asunto: los ocupantes entrarían «con banderas marroquíes en una mano y el Corán en la otra», y en cuarenta y ocho horas las ciudades estarían tomadas y en disposición de resistir con apoyo del ejército, la marina y la aviación cualquier contraataque.

    Exposición del plan Marruecos 2030, del precedente de la Marcha Verde de 1975 y de los apoyos internos con los que contaría

    El plan se apoya en dos cálculos que conviene retener, porque son los que lo hacen verosímil. Uno es el punto fuerte marroquí: una población numerosa y joven, cohesionada en torno al rey y a la religión. El otro es la debilidad española: un país que se fragmenta en reinos de taifas cada vez más independientes, menos patriotas y menos solidarios entre sí.

    Durante 2025 los indicios se acumularon. Se anunció una marcha sobre Ceuta y Melilla para el 16 de septiembre. Las Fuerzas Armadas se reforzaron en Baleares, Canarias, Ceuta, Melilla, los peñones y la costa andaluza. Y tanto la OTAN como la Unión Europea dejaron caer, sin ponerlo por escrito, que un conflicto entre España y Marruecos por esos territorios sería un asunto interno. Es decir: que no intervendrían.

    A ello se suman dos datos de contexto documentados. El primero: en julio de 2025, con ocasión de la Fiesta del Trono, Mohamed VI indultó total o parcialmente a 19.673 condenados, entre ellos 23 sentenciados a muerte cuya pena se conmutó por cadena perpetua. La Gaceta elevaba la cuenta a más de 58.000 indultados en seis años, incluidos 121 terroristas; esas dos últimas cifras son suyas y no las he podido contrastar en otra fuente, así que van atribuidas.

    Titular de La Gaceta: Marruecos indulta a casi 20.000 condenados a prisión en julio y eleva la cifra a más de 58.000 indultados en seis años, incluidos 121 terroristas
    El titular de La Gaceta, del 30 de julio de 2025, de donde procede la cifra acumulada

    El segundo: en territorio español operan patrullas conjuntas de la Guardia Civil y la Gendarmería Real marroquí, por tierra, mar y aire, en Granada, Canarias y otros puntos de la costa.

    Las patrullas conjuntas de la Guardia Civil y la Gendarmería Real marroquí, sobre el terreno en la costa de Granada

    Sobre estas patrullas circula la cifra de doscientos agentes marroquíes armados desplegados por distintas provincias. No he encontrado fuente que la sostenga: lo documentado son patrullas mixtas puntuales, con un número reducido de gendarmes integrados en dispositivos de la Guardia Civil, y el marco de cooperación viene de 2004. Que el hecho sea menor de lo que se dice no lo hace irrelevante -sigue siendo policía extranjera operando en suelo propio-, pero conviene manejar el dato real y no el inflado.


    Julio de 2026: lo anunciado ocurrió

    El 30 y el 31 de julio de 2026, la entrada masiva sobre Ceuta dejó de ser un pronóstico para convertirse en un hecho. Y ocurrió con el mismo guion que se había descrito: movilizaciones presentadas como civiles y espontáneas, difundidas por redes sociales, y una respuesta política española que fue, sobre todo, ausencia.

    Las cifras, según el recuento del Ministerio del Interior: en torno a 72.000 personas accedieron irregularmente a Ceuta en cuarenta y ocho horas, la mayoría a nado bordeando los espigones de El Tarajal y Benzú. Más de 48.300 regresaron a Marruecos en los días siguientes. Y el precio humano: 88 fallecidos en Ceuta, en su mayoría por ahogamiento, más 11 en territorio marroquí.

    Hay una pieza jurídica que conviene no saltarse, porque es la que Rabat señaló como detonante y porque desmonta cualquier lectura perezosa del episodio. El 8 de julio de 2026, tres semanas antes, el Tribunal Supremo confirmó que la ley no permite las «devoluciones en caliente» de quienes entran a nado en Ceuta y Melilla. El Gobierno marroquí lo resumió con una frase que vale la pena retener: «un juez español desactivó el elemento disuasorio, hubo un cambio de paradigma».

    Esto no exculpa a nadie ni convierte el episodio en un accidente. Al contrario: lo que muestra es cómo funciona realmente la maniobra. No hace falta ordenar una invasión si basta con dejar de contener una frontera en el momento exacto en que el vecino se ha quedado sin herramienta legal para devolver a nadie. La sentencia es española, la decisión de no vigilar la playa es marroquí, y el resultado -setenta y dos mil personas dentro y ochenta y ocho muertos- es responsabilidad compartida de los dos gobiernos que sabían perfectamente lo que iba a pasar.

    Ese es el mecanismo de 1975 puesto al día. Civiles por delante, ninguna orden que pueda documentarse, y un ejército paralizado no por falta de medios sino por la certeza de que cualquier reacción lo convertiría en el culpable.


    Washington: lo que dice el informe del Congreso y lo que no dice

    Días después de la crisis, el congresista republicano Thomas Massie publicó un mensaje que corrió como la pólvora en España: que dos semanas antes la Cámara de Representantes había aprobado un proyecto de ley que autorizaba la transferencia de territorio español a Marruecos, con el voto favorable de todos los republicanos salvo el suyo, y que ahora esos mismos se mostraban escandalizados por lo de Ceuta.

    Conviene precisar, porque el dato real es a la vez menos espectacular y bastante más incómodo que el bulo.

    Lo aprobado el 15 de julio y remitido al Senado el 29 es la H.R. 8595, la ley de asignaciones para seguridad nacional, Departamento de Estado y programas afines del ejercicio 2027, que contempla 40 millones de dólares para Marruecos: veinte por programas de inversión en seguridad nacional y otros veinte por el Foreign Military Financing Program. Ni el proyecto ni ninguna de sus disposiciones transfiere Ceuta o Melilla, y el pleno de la Cámara no votó ese punto por separado: quien describe las dos ciudades como situadas «en territorio marroquí» es el informe del Comité de Apropiaciones que acompaña al texto, un documento que el propio Congreso de Estados Unidos define como jurídicamente no vinculante.

    Conviene leer el párrafo entero, porque está en la página 88 del informe y dice literalmente esto:

    The Committee notes that the Spanish-administered cities of Ceuta and Melilla are located in Moroccan territory and remain the subject of Morocco’s longstanding claim. The Committee supports efforts by the Secretary of State to encourage diplomatic engagement between Morocco and Spain on the future status of Ceuta and Melilla.

    Informe del Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes, p. 88

    Traducido: el Comité «hace notar que las ciudades administradas por España de Ceuta y Melilla están situadas en territorio marroquí y siguen siendo objeto de la reclamación histórica de Marruecos», y «apoya los esfuerzos del Secretario de Estado para fomentar el compromiso diplomático entre Marruecos y España sobre el estatus futuro de Ceuta y Melilla». Dos ciudades españolas, «administradas» y no poseídas, con un «estatus futuro» que se negocia.

    Página 88 del informe del Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, con el párrafo sobre Marruecos y el pasaje sobre Ceuta y Melilla subrayado
    La página 88 del informe del Comité de Apropiaciones, con el pasaje subrayado. Justo encima, la asignación de los dos tramos de veinte millones de dólares para Marruecos

    Ahora bien, ese es exactamente el punto. No hace falta una ley de anexión: basta con que la cámara baja de la primera potencia del mundo describa por escrito dos ciudades españolas como territorio marroquí, en un documento oficial, sin que nadie en Washington vea motivo para corregirlo y sin que nadie en Madrid proteste. Los informes de comité no obligan a nada, pero fijan doctrina, orientan a las agencias y señalan hacia dónde sopla el viento. Un país que fuera tomado en serio por su aliado no aparecería redactado así en sus papeles.

    Y el contexto lo agrava. El 3 de julio de 2026, en un homenaje a Theodore Roosevelt y a los Rough Riders -el regimiento de voluntarios que combatió en Cuba en 1898-, Trump presumió de aquella victoria sobre España y advirtió de que los españoles «no se están portando bien, pero pronto lo aprenderán». La lista de amenazas previas es larga: reproches por el gasto en defensa, ruptura comercial, expulsión de la OTAN. Entre medias, la negativa española a ceder Rota y Morón para las operaciones contra Irán.

    Sobre aliados así se cita siempre la sentencia de Kissinger: ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser su amigo resulta a la larga fatal. La frase circula desde hace décadas y su atribución no está documentada -probablemente sea apócrifa-, pero describe con precisión lo que estos meses han puesto por escrito.


    El mecanismo: por qué un gobierno actúa contra su propio territorio

    La pregunta obvia es por qué un gobierno español actuaría contra su propio interés territorial. Aquí hay que separar con cuidado lo documentado de lo interpretado, porque en este punto es donde más se mezclan.

    Lo documentado es el espionaje. En mayo de 2022 el Gobierno confirmó que los teléfonos de Pedro Sánchez y de la ministra de Defensa, Margarita Robles, habían sido infectados con el sistema israelí Pegasus. La investigación de la Audiencia Nacional apunta reiteradamente a Marruecos, en concreto a la DGST. Una investigación periodística internacional coordinada por Forbidden Stories elevó el alcance: unos 250 números españoles en el punto de mira, incluidos los de Grande-Marlaska y Luis Planas. En febrero de 2026 se supo además que la infección del móvil del presidente se produjo durante un viaje a Ceuta en 2021.

    Lo interpretado es el salto siguiente: que ese material se haya usado como palanca de chantaje. Es una inferencia razonable -para eso se espía a un jefe de Gobierno, no por curiosidad- pero es una inferencia, no un hecho probado, y así queda recogida. Sobre el contenido concreto de ese presunto material circulan afirmaciones que no están acreditadas por nadie y que aquí no se reproducen.

    El testimonio más sólido en esta línea es el de Abdelilah Issou, oficial de las Fuerzas Armadas Reales marroquíes durante once años, destinado buena parte de ese tiempo en el Sáhara Occidental, hoy exiliado en España y el primer militar marroquí al que se concedió asilo aquí. Lleva veinticinco años denunciando a Marruecos como narcoestado y ha detallado la connivencia de generales marroquíes con el narcotráfico y con las redes de tráfico de personas. En 2023 avisó de algo que hoy se lee distinto: «si España sigue actuando así, Marruecos terminará reclamando hasta Andalucía».

    La analogía que mejor explica el método no es la de la conspiración, es la de la mafia italoamericana, que nunca necesitó desafiar al Estado porque le bastó con poseerlo. Tres resortes, ni uno más: comprar alcaldes y políticos, controlar a los jefes de policía y dominar los sindicatos de estibadores de los puertos por donde entra la mercancía. No hace falta un plan secreto cuando basta con la nómina.

    La comparación con la mafia italoamericana y su traducción al caso español

    Annual como advertencia

    La comparación histórica no es retórica, y merece leerse despacio, porque el paralelismo es de causas y no de circunstancias.

    En julio de 1921 el ejército español sufrió en Annual el mayor descalabro de su historia frente a bandas irregulares rifeñas. Las cifras varían según la fuente –entre 8.000 y 13.000 muertos, siendo esta última la del Expediente Picasso-, y buena parte de ellos fueron asesinados después de rendirse y entregar las armas. Salvaron la vida el general Navarro y unos pocos oficiales; es decir, los más responsables.

    La causa del desastre no fue la organización ni el armamento del adversario, ambos paupérrimos. Fue la desorganización propia: políticos y generales corruptos, oficiales preocupados solo por el ascenso, suboficiales y tropa abandonados y desmoralizados, material escaso y obsoleto, y una cadena de mando rota por la vanidad de un general que se adelantó a sus propias órdenes.

    El diagnóstico del presente es exactamente ese. De ahí la advertencia sobre un Annual 2.0. Y de ahí también la observación sobre la revancha: el desembarco de Alhucemas del 8 de septiembre de 1925 fue un modelo de coordinación anfibia que sirvió de referencia diecinueve años más tarde en Normandía, pero regodearse en los aciertos que no se van a repetir es la manera más segura de repetir los errores aumentados.

    Desarrollo del paralelismo entre el desastre de Annual y la situación presente

    Hay además un patrón de traición que viene de más atrás: en 1808 los Borbones se aliaron con Napoleón contra el propio país, en 1975 se entregó el Sáhara, y hoy se repetiría el movimiento. España repite su historia porque no la conoce.

    Y con el patrón viene la advertencia que más importa a quien viste el uniforme, que es sobre la orden que llegará. En 1808 fue una orden de pasividad, y la desobedecieron Daoiz, Velarde y Ruiz. Hoy nadie la desobedecería, porque quien lo hiciera se juega el sueldo y arriesga ser expulsado a título póstumo de las Fuerzas Armadas por sedicioso, dejando a los suyos sin pensión. Ese es el precio real de la obediencia, y explica más que cualquier análisis geopolítico por qué no va a moverse nadie.

    Ese argumento está desarrollado en Cuando en hispana tierra pasos extraños se oyeron, de Galo Dabouza, que toma el título de una estrofa de la Oda al 2 de mayo de Bernardo López García y encadena 1808, 1975 y el presente como un mismo movimiento. Se reproduce entero, con las dos fuentes de prensa que lo documentan:


    La OTAN: un contrato incumplido

    El argumento contra la permanencia en la OTAN no es pacifista. Es contractual, y por eso resulta difícil de rebatir.

    En el referéndum del 12 de marzo de 1986 los españoles votaron sí -un 56,85 %- a una pregunta que llevaba tres condiciones expresas, recogidas en el Real Decreto 214/1986 que convocó la consulta:

    • que la participación española no incluiría la incorporación a la estructura militar integrada;
    • que se mantendría la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español;
    • que se reduciría progresivamente la presencia militar de Estados Unidos en España.

    Las tres se incumplieron. La primera de forma explícita: el Congreso aprobó la plena integración en la estructura militar en noviembre de 1996, ya con Aznar en el Gobierno, y se hizo efectiva el 1 de enero de 1999. La segunda quedó desactivada por la vía de admitir el paso de armamento nuclear con autorización previa del Gobierno. Y la tercera no se ha cumplido nunca: las bases no han menguado ni un metro ni un soldado, y en 2026 el debate no es reducirlas sino cuánto se paga por ellas.

    Cuando una de las partes incumple sistemáticamente las cláusulas esenciales, el contrato queda viciado. Eso no es una opinión política, es cómo funcionan los contratos. Lo que se sometió a votación en 1986 no es lo que hay hoy, y nadie ha vuelto a preguntar.

    Encima está el desequilibrio operativo, que es la parte verdaderamente humillante. España se compromete a defender a Polonia o a los bálticos frente a Rusia, mientras se da por hecho que un conflicto con Marruecos por Ceuta, Melilla o Canarias -los únicos territorios españoles realmente amenazados- sería un asunto interno. Se aporta todo y no se cubre nada. Para ese viaje no hacían falta alforjas.

    La asimetría se ve mejor comparando dos episodios. Cuando en septiembre de 2025 diecinueve drones rusos entraron en espacio aéreo polaco, Varsovia activó el artículo 4 y cazas aliados abrieron fuego por primera vez desde el inicio de la guerra de Ucrania; Rutte proclamó que la OTAN «defenderá cada centímetro del territorio aliado». Cuando en julio de 2026 entraron setenta y dos mil personas en Ceuta, la Alianza no dijo nada. Cada centímetro, salvo esos.

    Titular de El Español: La OTAN advierte del riesgo de escalada tras la incursión de drones rusos en Polonia, con una comparecencia en vídeo de Mark Rutte
    La cobertura del episodio de Polonia, con la comparecencia de Mark Rutte. La Alianza habló de una respuesta «sin precedentes» y evitó a la vez calificarlo de incidente intencionado hasta terminar la evaluación

    A ello se suma la deriva bélica. En diciembre de 2025 el secretario general de la Alianza pidió a los europeos prepararse para «una guerra de una magnitud comparable a la que vivieron nuestros abuelos o bisabuelos», con destrucción masiva, reclutamiento obligatorio y desplazamientos forzosos, y avisó de que Rusia podría atacar a la OTAN en cinco años. Todo ello mientras el artículo 20 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos -publicado en el BOE de 30 de abril de 1977 y por tanto derecho vigente en España- establece literalmente que «toda propaganda en favor de la guerra estará prohibida por la ley».

    Frente a todo esto queda la objeción más elemental, y sigue sin respuesta: quienes anuncian que hay que prepararse para la guerra son exactamente los que no van a pelearla, ni ellos ni sus hijos. Bastaría con que fueran los primeros en ir para que dejase de haberlas.

    Sátira sobre los dirigentes que declaran las guerras que otros pelean

    De ahí la posición sobre el gasto militar, que sorprende viniendo de quien viene y por eso conviene explicarla bien: no se opone al presupuesto de Defensa por pacifismo, sino porque no está dispuesto a financiar unas Fuerzas Armadas que no cumplen su función. Lo que propone es auditar el gasto, recuperar lo sustraído y mantener entretanto el presupuesto en el 1 % del PIB. El día que las Fuerzas Armadas cumplan de verdad su misión, será el primero en pedir que se les dé todo lo necesario.


    El tablero: llaves, estrechos y cuellos de botella

    Hay una razón por la que Ceuta importa mucho más de lo que sugiere su tamaño, y no es migratoria: es geográfica.

    Quien controla Ceuta, el peñón de Gibraltar y el puerto de Algeciras tiene la llave occidental del Mediterráneo, igual que Egipto tiene la oriental en Suez. De ahí el razonamiento que se propone, y que uno puede compartir o no pero que está bien construido: si el extremo oriental queda bajo control estadounidense e israelí y Ceuta pasara a manos marroquíes -con Marruecos como aliado preferente de ambos-, el Mediterráneo entero quedaría bajo el mismo paraguas. La conclusión que se extrae no es la casualidad sino la causalidad.

    Que los estrechos deciden más que los ejércitos lo ilustran los números. Por Ormuz pasa cerca del 20 % del consumo mundial de petróleo, en un canal navegable de apenas tres kilómetros por sentido. Por Bab el-Mandeb, puerta del mar Rojo y de Suez, circula alrededor del 12 % del comercio mundial y cerca del 30 % del tráfico global de contenedores. Un cierre simultáneo dejaría a los países del Golfo sin salida al Índico y obligaría a rodear África: entre siete y nueve mil kilómetros más y hasta dos semanas de retraso.

    Mapa por satélite de la península arábiga con los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb señalados en rojo
    Los dos cuellos de botella: Ormuz al noreste y Bab el-Mandeb al suroeste, la pinza que encierra el golfo Pérsico y el mar Rojo

    Y no hace falta ocupar un estrecho para cerrarlo. Bastan misiles, drones y minas para que ninguna naviera se arriesgue y las primas de seguro hagan el resto. Esa es la definición misma de la guerra asimétrica, y explica por qué una economía optimizada al límite es tan frágil justo en sus cuellos de botella. Cuando eso ocurre, llega a España por la vía del precio de todo.

    En ese mismo cuadro entra un reconocimiento que pasó relativamente desapercibido. Sucesivos gobiernos israelíes, incluidos los de Netanyahu, autorizaron y toleraron las transferencias de dinero catarí a Gaza pese a los avisos del Shin Bet de que parte de esos fondos llegaba al brazo armado de Hamás; un documento filtrado muestra que Israel llegó a pedir a Catar que aumentara los envíos un mes antes del 7 de octubre. Conviene el matiz: no hay prueba pública de que Netanyahu canalizara personalmente ese dinero, pero su Gobierno autorizó que siguiera fluyendo sabiendo adónde iba. Es el dato que sostiene la tesis que recorre todo esto, tomada de Daniel Estulin: no importa quién aprieta el gatillo, importa quién paga la bala.

    Titular de El Español: Netanyahu reconoce que permitió financiar a Hamás desde Qatar para dividir la causa palestina
    El titular que dio origen a la versión que circula, con los treinta millones mensuales al brazo armado de Hamás. Es más categórico que lo que está documentado -habla de un reconocimiento personal- pero el fondo, que Israel sabía y dejó pasar el dinero, sí se sostiene

    Una precisión más, porque circula mucho y mal. La llamada al mundo musulmán para «recuperar Al Ándalus» que suele atribuirse a Benjamin Netanyahu no es suya: fue su hijo Yair Netanyahu quien en 2019 publicó un mapa señalando Ceuta y Melilla con el mensaje «queridos árabes y musulmanes: ¿queréis liberar tierras árabes islámicas ocupadas? Aquí tenéis un buen comienzo». Que sea el hijo y no el padre no lo hace inocuo -es el hijo del primer ministro señalando ciudades españolas en un mapa- pero atribuirlo mal regala una desmentida gratis a quien no la merece.


    La conclusión: el enemigo está dentro

    Todo desemboca en la misma idea.

    El paralelismo con 1898 se puede llevar hasta el final: entonces no nos derrotaron el ejército ni la flota estadounidenses, sino la desidia y el cálculo político de quienes mandaban. También ahora el territorio no se perderá por las armas, sino por la acción de políticos y militares que hace tiempo dejaron de trabajar para el país que les paga, y el sacrificio de un puñado de soldados solo serviría para encubrir la felonía de sus jefes.

    Y no se puede fingir que se defiende a España mientras se defiende a la vez al Estados Unidos que la amenaza con un nuevo 98 y al Israel cuyo entorno señala Ceuta y Melilla en un mapa, porque ambos tienen a Marruecos como aliado preferente. Las crisis sirven para que cada cual enseñe su verdadera cara, y esta ha enseñado unas cuantas -incluida la de quienes sostienen que Marruecos no es un país enemigo sino un buen socio.

    El lema está tomado del último radiograma emitido desde el cuartel de Simancas, sitiado en Gijón en agosto de 1936, dirigido al crucero que le daba apoyo artillero desde el mar: el enemigo está dentro, disparad sobre nosotros. La cita exacta se discute -el telegrafista Adolfo Montaña testificó una versión algo distinta, «el enemigo está dentro, alargad el tiro, disparáis sobre nosotros», y hay historiadores que dudan de que el equipo de radio siguiera operativo-, pero la frase quedó y sirve.

    De ahí la posición más incómoda de todas, que conviene entender bien porque no es una llamada a la deserción sino a un cambio de frente: mientras no se haga esa limpieza interna, la obligación del patriota no es acudir al frente exterior, sino concentrarse en el interior. Porque sin esa purga previa, cualquier victoria exterior sería costosa, inútil y efímera.

    La mejor defensa de Ceuta, Melilla y Canarias se hará en Madrid.


    Fuentes verificadas

    La crisis de julio de 2026

    Estados Unidos y el Sáhara

    La OTAN y el referéndum de 1986

    Marruecos: espionaje, indultos y cooperación policial

    Testimonios

    Los dos que siguen son relatos de sus autores, no hechos verificados de forma independiente, y como tales se recogen en el texto.

    Historia y contexto

    Estrechos y Oriente Medio